* A tres años de que la Unesco nombrara a los Voladores de Papantla Patrimonio Intangible de la Humanidad, los niños y jóvenes preservan sus tradiciones * Se realizó la caminata del corte, arrastre y siembra del Palo Volador para …
* A tres años de que la Unesco nombrara a los Voladores de Papantla Patrimonio Intangible de la Humanidad, los niños y jóvenes preservan sus tradiciones
* Se realizó la caminata del corte, arrastre y siembra del Palo Volador para las nuevas generaciones de voladores
Papantla, Ver.- A tres años de haber sido declarados por la Unesco como Patrimonio Intangible de la Humanidad a los Voladores de Papantla, éstas tradiciones del Totonacapan siguen vivas y presentes y son los hombres mayores de las comunidades los que se encargan de transmitir a los niños y jóvenes las creencias para que no se pierdan con el paso del tiempo o con la introducción de nuevas tecnologías e influencia de otras culturas.
Preservar la lengua materna -totonaca- como la ceremonia de los Voladores de Papantla es la encomienda que tienen los padres de familia.
Antes de que el sol saliera, entre las seis y media y siete de la mañana, pequeños de cinco años hasta los jóvenes de 19 y 20 años, tanto de Papantla como provenientes de comunidades cercanas acudieron a realizar el ritual del Tsakat-kiwi (Palo Volador).
Entrando a un costado de la zona arqueológica de El Tajín, caminando por una vereda, un trayecto un poco complicado por la humedad de las recientes lluvias y por las piedras del camino, los participantes llegaron a la población de San Antonio Ojital.
A paso normal, tratando de reservar energías para el regreso, caminaron de 30 a 40 minutos hasta ubicar al que sería el Palo Volador.
Guiados por el coordinador de Niños Voladores, Cruz Ramírez Vela, atravesaron por la abundante vegetación, acompañada por un hermoso manantial. La temperatura les ayudó, así pudieron caminar entre la frescura de la mañana.
Ya ubicados en el punto, se realizó la ceremonia de permiso al dios del Monte para entrar en sus dominios sin ningún problema y, a la vez, permitiera arrancar a la naturaleza el preciado árbol que será pilar de la tradicional ceremonia de los voladores.
La quema de incienso, la colocación de flores blancas y salpicando aguardiente fueron el preámbulo para adentrarse a la zona selvática y llegar hasta un cerro donde sería buscado el Tsakat-kiwi.
Para el pequeño Héctor Hernández Pérez, de ocho años de edad, es la tercera vez que acude a tan bella ceremonia porque, como él dice, “A mí lo que me gusta es volar”.
José Rutilio Sánchez, de 13 años, comenzó desde los ocho a practicar la ceremonia de los voladores y en cuatro ocasiones ha presenciado el ritual que hacen sus mayores.
El Caporal, hombre que musicaliza la ceremonia y con su flauta y tambor adora al dios del Monte, marca el ritmo para que sus compañeros bailen alrededor del árbol que será cortado.
Un alzaprima de aproximadamente 18 metros de altura, fuerte y de gran espesor fue derrumbado a pura hacha. Una vez en el suelo, se preparó para iniciar el arrastre del tronco por un poco más de dos kilómetros hasta llegar al parque temático Takilhsukut.
Ya en las instalaciones, se le colocó la “manzanita”, área donde el Caporal bailará una vez estando en las alturas al ritmo de su tambor y flauta.
Antes de ser sembrado y levantado dentro del Takilhsukut, tal como lo marca la tradición, fue enterrada una gallina viva de color negro, la cual iba acompañada de flores y comida. Este rito es para garantizar que el Palo Volador no se caiga durante la ceremonia.
En este rito, el cual, según se sabe, se efectúa desde hasta antes de Cristo, se observa la unidad de los indígenas totonacas, quienes se organizan para la búsqueda, corte y arrastre del Palo Volador, como en esta ocasión en que más de 100 hombres, entre niños, jóvenes y personas mayores se unieron para perpetuar esta herencia milenaria.
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