Sábado, 18 de Mayo de 2013 |

El falso jet lag

DE IDA Y VUELTA Atticuss Licona Después de tantos años con el asunto del cambio de horario cualquier persona de bien ya debería saber de qué se trata y para qué sirve. Eso es el deber ser, porque en la …

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DE IDA Y VUELTA

Atticuss Licona

Después de tantos años con el asunto del cambio de horario cualquier persona de bien ya debería saber de qué se trata y para qué sirve. Eso es el deber ser, porque en la práctica se reconoce que los mexicanos somos muy dados a emperrarnos con las cosas y a quejarnos por todo.

Los niños de ahora pretenden entrarle al tema más a modo de relajo que de conocimiento general, pues en sus limitadas y básicas mentes es más fácil sembrar un concepto que en el de las cansadas huestes que todavía bailaron danzón en sus épocas escolares. Es tan crucial para ellos tomar esas pequeñas oportunidades de dejar en ridículo a sus esforzados padres, que adelantan el reloj cuando hay que atrasarlo, lo atrasan cuando hay que adelantarlo y atacan a los padres con preguntas imposibles de contestar ¿Papá, qué fue primero? ¿El horario de verano o el horario de invierno?

Y ahí comienza la discusión familiar a la hora de la cena que se pone más interesante que el caso de la ensabanada. El papá refunfuña, la mamá hace mutis y estruja la servilleta entre sus trémulas manos, los hermanos mayores se miran unos a otros y los chiquitines de primaria sólo se ríen y se miran unos a otros pensando quién sacará del aprieto a los padres, quienes, después de mirarse con ojos aborregados le contestan dulce y tiernamente al chamaco preguntón: Mira mijo, mejor cállate y dejemos que López Dóriga nos lo aclare antes de las Mangas del Chaleco.

Si para estas alturas usted es de los que todavía sigue renegando del horario de verano porque su recibo de la electricidad no le baja, ya debería saber que se quedará esperando, a menos que el Copete Fotónico Peña Nieto cumpla con sus promesas y cuando menos a los veracruzanos nos baje un poco la tarifa. De allí en fuera ese ahorro comparado con el consumo anual del Estado de Campeche es algo que está más allá de la comprensión de cualquier seguidor de esos mataperros de Los Pumas (esos no entienden nada) y es un dato que hay que considerar como bíblico, pues aunque no se pueda comprobar más nos vale creerlo. Es algo así como que Veracruz el año que viene ahora sí será el primer productor de café o que en Veracruz no hay dengue… más nos valdría creerlo.

Sin embargo, conozco personas que se quejan sincera y honestamente por esa hora de diferencia que un día les roban y después de medio año les regresan, que se levantan con la pesadez de la ultratumba un buen domingo con la sensación de que la muerte viene por ellos con expresiones como de la Llorona: ¡ay, ay, ay! El jet lag me pegó, esa hora ya me volvió a descuajaringar la gastritis y yo con sueño (¡pod favod! No sean inconsecuentes).

La primera vez que me tocó un cambio de horario -aún la recuerdo-, éste me agarró en medio de un Palenque de Mijares en Acapulco y como buenos mexicanos le hicimos que cantara una hora de más y el pobre al final ya no sabíamos si cantaba o sólo balbuceaba pues se había echado tantos tequilas que, cuentan, le dieron por fin el ánimo de llevarle serenata a Lucerito. Imagínese entonces desde hace cuánto tiempo está presente en nuestras vidas el Horario de Verano. Las generaciones del nuevo siglo lo han vivido toda su vida y lo toman con la naturalidad de descargar una canción de internet o jugar en un Ipad.

Algunos hemos llegado atrasados al concierto de la modernidad, eso es algo que está fuera de nuestro alcance, hay que montarnos y ya. Pero lo que sí está a nuestro alcance es dejar de jugarle al ensarapado y seguir cuestionando medidas como el cambio de horario, porque al final de cuentas, aceptémoslo, al Gobierno ni le va ni le viene si a usted, a mi, o a cualquiera, nomás como que no le acomoda, lo harán y ya. Punto. Finito.

Cualquier comentario de esta columna de invierno, favor de enviarlo a atticusslicona@gmail.com y puede seguirme en twitter en @atticuss1910

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