Viernes, 24 de Mayo de 2013 |

El problema número uno

Diversos organismos del gobierno federal y medios de comunicación nos recalcan que 28 millones de mexicanos se encuentran en situación de carencia alimentaria, lo que significa que en este momento, uno de cada cuatro habitantes del país no cuenta con …

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Diversos organismos del gobierno federal y medios de comunicación nos recalcan que 28 millones de mexicanos se encuentran en situación de carencia alimentaria, lo que significa que en este momento, uno de cada cuatro habitantes del país no cuenta con alimentos suficientes para comer.

Expertos en la materia señalan que este problema se agravará debido a que las sequías que sufren diversas naciones productoras y exportadoras de granos están provocando la pérdida de sus cosechas, generándose un aumento de precios internacionales de los alimentos e impactando negativamente la economía de países como México, que necesita importar más del 40% de los granos básicos que consume.

En Brasil, la insuficiencia de alimentos llevó a la aplicación de una estrategia integral para combatirla: el programa Hambre Cero, implementado por el ex presidente Lula da Silva, y que ha sido ampliamente reconocido por sus logros.

En nuestro país la única estrategia de envergadura similar en estos tiempos de crisis, se dio pero enfocada a una lucha distinta, a una guerra contra la delincuencia organizada, la cual ha tenido claroscuros en su aplicación y en sus resultados.

Por eso, ahora que se renueva el Gobierno Federal y que se establecerán estrategias diferentes, los mexicanos esperamos que los problemas nacionales sean abordados con un tratamiento distinto, que permita atacar las causas y no sólo las consecuencias.

En el tema de la carencia de alimentos, el país tiene que atender la producción suficiente de granos básicos que nos aleje de la dependencia de otros países productores; tiene que promover la creación de empleos y la producción para el autoconsumo y la generación de ingresos familiares; tiene que impulsar el consumo racional de los alimentos y fomentar una cultura alimentaria y nutricional que disminuya los altos indicadores de sobrepeso y obesidad que traen aparejados males como la diabetes y otras enfermedades crónico-degenerativas que están deteriorando la salud y la economía de las familias.

En esta estrategia integral tenemos que participar todos: el gobierno, los sectores productivos, las instituciones públicas y privadas, las organizaciones sociales, las familias y cada uno de los ciudadanos.

El desafío es tan grande que requiere de la participación consensuada y comprometida de todos los actores que conforman la sociedad y de las propias familias mexicanas.

La familia es el entorno íntimo y cercano en donde percibimos las insuficiencias y deficiencias que nos preocupan y agobian y en donde debieran empezar los esfuerzos para transformarlas.

Franco González Aguilar

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