Viernes, 24 de Mayo de 2013 |

En el Veracruz de hoy sí pasa algo: vivimos un velorio masivo y la zozobra gana terreno

CLAROSCUROS (1) La frase: “en Veracruz no pasa nada” -integradaoriginalmente como un elemento retórico al discurso oficial en la entidad- seha convertido en un argumento que raya en el oprobio al sentido común. De Pánuco hasta Las Choapas; desde la …

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CLAROSCUROS

(1)

La frase: “en Veracruz no pasa nada” -integradaoriginalmente como un elemento retórico al discurso oficial en la entidad- seha convertido en un argumento que raya en el oprobio al sentido común.

De Pánuco hasta Las Choapas; desde la costa hasta lamontaña; de los llanos a las zonas serranas, en Veracruz sí pasa algo: nuestraseguridad sigue en detrimento.

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Al terrorífico escenario de grupos del crimenorganizado que se destazan mutuamente a partir de la absurda guerra inventadapor Felipe Calderón, Veracruz ha sumado temas como el feminicidio, laconversión del ejercicio periodístico en una profesión de suicidas y elsecuestro como un pan nuestro de cada día.

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La detención de una célula criminal que resultó ser laasesina de cuatro periodistas y una dama que trabajaba para un periódico,pretende convertirse en el mensaje justificador del trabajo estatal en materiade procuración de justicia.

Más casual que producto de una investigación de inteligenciapolicial, la captura de los presuntos asesinos de tres decenas de personas,pretende convertirse en el estimulante “ya ven, estamos trabajando y aquí estánlas pruebas”.

Sin embargo, esta detención semeja un mejoral ante la fiebreque padece Veracruz en materia de inseguridad y nos hereda una duda cruel: ¿aúnprevalecen las condiciones y circunstancias para que se padezcan más decesos enel gremio reporteril?

Más aún, la PGJ no ofrece detalles fundamentales entorno a esta historia que se presume como cerrada: ¿los periodistas asesinados habíanordenado matar a colegas? ¿cómo? ¿por qué? ¿dónde? ¿cuándo?

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En el norte del estado un amigo -empresario en el ramoeditorial- ha sido una victima más de este atroz escenario de violencia: de lasamenazas, la delincuencia pasó a los hechos y lo secuestró; su vida pendió deun hilo y finalmente fue liberado tras el pago de un rescate.

No es esa, sin embargo, la suerte que se corre día condía en la mayor parte del territorio estatal jarocho.

El secuestro es el cáncer que la población –toda- viveen forma directa.

En sus múltiples modalidades: exprés, de alto perfil,de chantaje a través de montajes, o de acciones rápidas con cantidades que van desde los 20, 30, 50, 100, 200 mil pesoso a cómo pueda responder la persona privada de su libertad, los secuestros sonasunto cotidiano por todas partes.

En el sur ser petrolero, comerciante, pequeñoempresario, maestro o médico, es un pecado.

Y ese pecado se paga con la pérdida del patrimonio ocon la vida.

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El ejército y la marina están haciendo lo que pueden.

Esa es la realidad.

Ubican bodegas de combustible robado a PEMEX, capturana sicarios, atienden llamadas anónimas y detienen células del crimen organizadoque entierran a sus víctimas en solares baldíos, en playas o simplemente lasarrojan por cualquier camino.

Gran labor la de las fuerzas armadas, pero insuficiente.

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Las mujeres son un sector débil desde múltiplesperspectivas.

Historias de prostitutas asesinadas en zonas urbanas ojunto a carreteras; jóvenes desaparecidas; muchachas explotadas sexualmente;amén de la tradicional violencia familiar, son noticias cotidianas.

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A diferencia de las fuerzas armadas, los policíasmunicipales y estatales conocen los caminos, las rutas de los delincuentes ytienen contacto directo con el pueblo.

Mientras no exista una coordinación eficaz entre elejército, la marina, la PGR, la policía federal, con los cuerpos policiacosestatales: llámense Agencia Veracruzana de Investigación, Seguridad Pública,policías intermunicipales y policías municipales, esto seguirá siendo la torrede Babel.

Hablamos, lamentablemente, de una Babel sangrienta quecobra vidas a cada momento.

Estamos ante el producto de una cultura de lacorrupción que ha evolucionado a una cultura de la muerte.

El trabajo conjunto de los cuerpos de seguridadfederal, estatal y locales pasa por la dignificación de los hombres y mujerespolicías.

Por su depuración y por la seguridad de su patrimonioy el de sus familias.

Como esto no es un proceso a corto plazo, urge undiagnóstico sobre lo logrado y los lados flacos de la actual estrategia deseguridad en Veracruz.

El pueblo sigue poniendo los cadáveres y lospatrimonios hechos añicos.
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A las autoridades federales, estatales y municipales -responsablesdel ramo de la seguridad- les corresponde hallar la mejor opción para atenderesta problemática.

Empecemos por reconocer, todos, que en Veracruz siestá pasando algo: cada día somos menos jarochos y entre los que quedamos seincrementa el temor a ser el último protagonista del velorio masivo que nosrodea.

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