Sábado, 25 de Mayo de 2013 |

Gobernabilidad -Política mexicana-

Los astutos vencen siempre en el primer momento y suelen ser vencidos antes del fin (Giovanni Papini) No todo lo nuevo es bueno. Más bien como lo estamos viviendo, lo que por naturaleza es malo es la ingobernabilidad, no sólo …

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Los astutos vencen siempre en el primer momento y suelen ser vencidos antes del fin (Giovanni Papini)

No todo lo nuevo es bueno. Más bien como lo estamos viviendo, lo que por naturaleza es malo es la ingobernabilidad, no sólo en su conjunto, sino de sectores que por su índole siempre fueron cautos, responsablemente parcos, como el militar llama la atención que dentro de las filas verdes se mantenga la mesura y que el parloteo se dé extramuros, pero sí inquietando a mucha gente dentro, incluso condicionando la libre elección del secretario por quien vaya a ser presidente.

Mitos y realidades se cruzan estos días. Se habla de generales acelerados tras los nombramientos presidencial. Curiosamente se exhiben sin base a los que prudentes callan, a los institucionales. Así son estos tiempos. Nuevos tiempos, cosas nuevas.

Difícilmente el próximo presidente habrá de elegir a quienes se promovieron como mercancía.

El perfil del próximo secretario de la Defensa Nacional deberá reunir los siguientes resultados: gran sobriedad, solvencia moral, dominio técnico, presencia y prestigio y una oferta de renovación tan imperativa como ineludible. Muy por encima de ambiciones y proyectos personales. La guerra que se heredará, con todas las adecuaciones que se crearan seguirá teniendo como pivote, las fuerzas armadas. Lamentablemente para la nación y para ellas, por mucho, mucho tiempo. Las fuerzas armadas demandan de aire freso, de ideas innovadoras, entusiasmantes, que levanten una moral hoy lógicamente decaída ante seis años de luchar contra un muro. Es la llamada fatiga de combate que extenúa a hombres e instituciones.

Hoy como nunca las tropas deben sentirse bien mandadas. Se ha dicho que no hay mejor estímulo para un soldado que sentirse bien mandado. Por eso demandan de un mando que ofrezca un profundo enfoque profesional renovador estructural, no de maquillaje.

En otro tema, los resultados de las elecciones del 1 de julio sacudieron el andamiaje político de México, tanto que en el corto plazo obligaran a los partidos y sus protagonistas a replantear su participación y estrategia.

El PAN fue el partido más afectado y, aunque tarde, se dieron cuenta de que los electores le mandaron un mensaje demoledor, por eso perdió.

Aunque no se quiera reconocer, el mensaje fue reprobatorio al gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.

En el caso de Andrés Manuel López Obrador, los delitos cometidos por los simpatizantes perredistas, motín, extorsión, robo, daños a propiedad ajena, violación de las garantías individuales, ha quedado en la “impunidad amarilla”

“¿Dónde están las autoridades? ¿Qué debe ocurrir para que intervengan? En todo esto hay un cálculo perverso.

Las postulaciones del sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera y del Yucateco Emilio Gamboa Patrón, como coordinadores de las bancadas del PRI en las Cámaras de Diputados y de Senadores, debe verse como un factor de garantía a la gobernabilidad que requiere el país.

Hubo en las burbujas cercanas a Enrique Peña Nieto los temores de que los jefes de las bancadas priistas en el Congreso se convertirían en un contrapeso real del poder. Puede que así sea y no estaría nada mal.

Porque el absolutismo presidencialista hizo agua, y Calderón puede platicarlo. Beltrones demostró que aún en las filas de la oposición tuvo la capacidad de proponer y negociar la Reforma del Estado que aunque sea insuficiente, es la única que hoy tiene eco.

De Emilio Gamboa se le reconoce su capacidad de negociación con todos los partidos, su ánimo es incluyente. En el Congreso, los partidos son negociadores por esencia.

El Poder Ejecutivo tendrá que hacer su parte y no puede, como en otras épocas, manejarse como un ente omnipresente.

Es más, hay quien ha propuesto que debe eliminarse de la Constitución que el Presidente de la República es el poder “supremo”.

Todos deben cumplir con sus responsabilidades. Eso sí, el PRI tendrá que trabajar fuere para eliminar esa percepción de que sus integrantes andan “detrás del hueso perdido”. También tendrán que quitarles el estigma a las guayaberas. ¿Qué culpa tuvieron?

Es más fácil dictar leyes que gobernar, se inicia una nueva Legislatura el 1 de septiembre y se abre la oportunidad para lograr acuerdos sobre reformas pendientes.

Ya lo hizo el PRI con dos negociadores, Beltrones y Gamboa, que garantizan una operación política eficiente. El PAN, inmerso en sus contradicciones tras la pérdida electoral aún está por definir a sus coordinadores.

El PRD está buscando sus equilibrios internos para los nombramientos de sus dirigencias.

Se perciben intentos de acuerdos entre el PRI y PAN en materia económica, que probablemente cristalizarán, por lo pronto, el candidato electo, Peña Nieto, ya convocó a los gobernadores priistas para proponer tres temas: transparencia, gasto en publicidad y anticorrupción. La intención de Peña Nieto es que una vez que el Tribunal califique la elección, no tiene duda que será a su favor, desde las Cámaras comience una negociación con los partidos de oposición para impulsar las reformas a las que se comprometió.

Lo que me parece rescatable de la reunión que sostuvo el Presidente Electo con diputados y senadores electos, es que éstos se comprometieron a construir y no a imponer las prioridades legislativas que para este tiempo son de sobra conocidas. Lo que sí quedó claro es que la agenda legislativa del tricolor será la del Ejecutivo. Vendrán las reformas.

Insistir en negar la realidad es transitar por pantanos de los que nadie saldrá bien librado.

Bien por los gobernadores de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, de Tabasco, Andrés Ganier Melo, de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo y de Campeche Fernando Ortega Bernés, cuya prioridad es estar atentos a los efectos de la tormenta tropical y procurar seguridad a la población.

Y recordemos esta frase lapidaria: “Los políticos deberían saber que más daño hace un adulador que alguien que les dice la verdad”.

 

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