DE IDA Y VUELTA Este fin de semana estuve igual de contento que un perro con dos colas. Todo iba bien hasta que se me atravesó el lunes con su inmensa mala suerte. Este día se nos aparece semana tras …
DE IDA Y VUELTA
Este fin de semana estuve igual de contento que un perro con dos colas. Todo iba bien hasta que se me atravesó el lunes con su inmensa mala suerte. Este día se nos aparece semana tras semana durante toda la vida cual gato negro en callejón oscuro, no falla. Amanecí medio ronco y con una picazón en la garganta que amenaza complicarse y como soy medio quisquilloso para eso de enfermarme, ventana que abren para que se oree la casa, ventana que corro a cerrar ipso facto para que no se nos vaya a meter un chiflón o algún desilusionado perredista suicida tras la separación de AMLO.
Ya comencé a tomarme el jarabe de Rábano Yodado que ha sido el remedio familiar por excelencia y que, según me contaron desde niño, cura casi todo, desde la palidez intermitente, hasta cálculos renales y tos. Es uno de los precursores de la Vitacilina, con la diferencia de que éste es tomado, pero de allí en fuera las propiedades curativas son igual de legendarias. De chicos a toda la primada la reunían los días feriados y nos formaban en filita india para darnos el jarabe milagroso, una cucharada para quitarnos el empacho y dos para el espanto, y si eso no era suficiente entonces se hacía el filtro para elegir a los candidatos a la purga con aceite de ricino. No puedo asegurarle que realmente ese jarabe cure todo lo que dicen que cura, lo que sí le puedo asegurar es que el frasco que habita en mi casa yo no lo compré, una noche de tormenta apareció en mi ropero. Pensé que me había librado de ese tipo de bebidas apocalípticas pero el jarabe debe tener alguna relación con Chucky, el muñeco diabólico, porque también regresa a mi vida una y otra vez como de ultratumba.
Son de esos productos que jamás se esfuman, como Andrés Manuel que afirmó que si perdía se iría a “La chingada” y que está como la canción que se va, y que se va y que se vaaaaaa, y no se ha ido. Iluso el que piense que se irá, menos se va a ir ahora que ya anunció que se separa de esa runfla de piratas partidistas del PRD, el PT y Movimiento Ciudadano, sin los cuales seguramente le va a ir mejor, para qué más que la verdad, pues así podrá andar con su gallito sin temor a que lo critiquen y le hagan fuego amigo. Seguirá contendiendo y en la lucha, pues un luchador social sigue peleando hasta el final, está haciendo lo que Cuauhtémoc Cárdenas no quiso hacer: seguir montado en su macho. Le va a ir bien, júrelo, su partido lo más probable es que sí tenga militancia real y será por un tiempo mucho más fuerte que la chiquillada, pero su vida útil se mantendrá solo durante el tiempo que esté al frente Andrés Manuel, después, por fuerza mutará y cambiará de nombre y se aliará nuevamente a otros partidos grandes para subsistir y se convertirá en uno más de esos quistes que la fuerza electoral mexicana tiene que seguir manteniendo.
Cuando viví en la Ciudad de México me tocó varias veces ver pasar las marchas en apoyo a Andrés Manuel y créame que se convierten en una romería a la que acuden familias enteras y la mayoría por su propio pie y con sus propios medios. Me invitaron varias veces pero nunca fui porque me agarra la carraspera si me asoleo demasiado. Yo prefiero los domingos tranquilos como el que pasé este fin de semana y que me iluminó de alegría. Pasar todo ese día encerrado en mi casa que es particular es toda una delicia. No sé a qué se deba pero disfruto realmente los domingos sin salir de casa, si hay jaleo lo prefiero los sábados o los viernes, pero los domingos que no me los toquen porque me enfurruño. Como me quieren mucho en casa, me hicieron un caldito de camarón con robalo y unos robalitos fritos que quedaron de rechupete. Por fin se me hizo comer robalo, ahora entiendo a Aureliano Buendía pues fue como conocer el hielo. Más de uno se quiso hacer el aparecido a la hora de la comida y yo mejor cerré las ventanas y bajé las cortinas, no le abrimos a nadie sin importarme que el aroma a pescado se impregnara en las paredes. Mi enfermedad es karma, me dicen, nada que “el maldito lunes” ni que nada.
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