Ricardo Alemán en Itinerario Político desglosa la noticia de que la profesora Elba Esther Gordillo tendrá su propio sexenio al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación SNTE, a pesar de que ya no es la líder vitalicia …
Ricardo Alemán en Itinerario Político desglosa la noticia de que la profesora Elba Esther Gordillo tendrá su propio sexenio al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación SNTE, a pesar de que ya no es la líder vitalicia del gremio magisterial. Pero el mensaje de fondo —del congreso del SNTE— es que en tanto lideresa sexenal del magisterio, la señora Gordillo no será ni amiga ni aliada y menos secretaria de Estado —y por tanto no será “sirvienta”— del gobierno de Enrique Peña Nieto. Sin embargo, hay mucho más de fondo. ¿Por qué razón, y de manera repentina, la señora Gordillo decidió dejar a un lado la comodidad de su liderazgo vitalicio del SNTE, para organizar un congreso en el que los más de 3 mil delegados la aclamaron como jefa del Consejo Superior mediante el voto libre y secreto? La respuesta se localiza en el reclamo generalizado para que se produzcan la democracia y la transparencia sindicales —en organizaciones como el SNTE—, además de que son poco claros los intríngulis del gobierno de Enrique Peña Nieto, quien ha dicho que la democracia mexicana reclama transparencia y democracia sindical, además de que en su gobierno no habrá lugar para los liderazgos que no cuenten con el aval de las bases. En el primer caso, la señora Gordillo —que es la lideresa más desprestigiada del país— pretendió callar la boca de críticos y malquerientes al organizar un congreso extraordinario en el que fue aclamada por más de 3 mil 200 delegados que votaron mediante sufragio libre y directo en favor de que continúe al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Y el segundo caso es que a 40 días de que llegue Peña al poder presidencial, la señora Gordillo está lista para “la guerra” que podría lanzar el gobierno contra los liderazgos sindicales; incluido, claro, el magisterial. Eso sin contar con las eventuales reformas a la ley laboral, en favor de la transparencia y la democracia sindicales, que se podrían producir en el Congreso.<<
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