Jueves, 23 de Mayo de 2013 |

Los tiempos de Peña Nieto

PARALELAJE/ Se van decantando los resultados; un ciclo que concluye y otro que apenas comienza. El gobierno de Enrique Peña Nieto no ha iniciado, pero ya empiezan a percibirse los cambios en forma y contenido. Por la estructura del periodo …

Comparte la noticia

PARALELAJE/

Se van decantando los resultados; un ciclo que concluye y otro que apenas comienza. El gobierno de Enrique Peña Nieto no ha iniciado, pero ya empiezan a percibirse los cambios en forma y contenido. Por la estructura del periodo de transición y su aplicación en los tiempos actuales, el escenario más importante y trascendente en esta etapa es el Congreso. En una perspectiva superficial, nada nuevo ocurre para la nueva administración, todavía no hay decisiones que lo acrediten, pero si observamos y analizamos con detenimiento podemos ver que efectivamente hay algo distinto a lo acontecido desde hace mucho tiempo: las fuerzas políticas dialogan, debaten y acuerdan. Lo hacen públicamente, sin imposturas ni simulación; así, los hechos muestran la vitalidad de la democracia en el pluralismo y la libertad con la que los actores se desenvuelven.

Ciertamente, lo que cuenta son los resultados, no las formas, por positivas y alentadoras que se muestren. El país requiere que muchos cambios se traduzcan en decisiones legislativas acertadas para el presente y el futuro de México; el Congreso no puede eludir su responsabilidad. Esto no implica la aprobación de las iniciativas preferentes del Ejecutivo u otras, sino que éstas sean objeto de debida atención, se modifiquen o se rechacen, bajo un genuino compromiso por mejorar las cosas. Tengamos presente que la agenda de los cambios es amplia y éstos deben ser profundos, no cosméticos.

Frente al optimismo que envuelve el relevo de gobiernos se alza el mundo real con sus problemas reales. Peña Nieto recibirá un país con muchas mayores dificultades que el que acogió a Vicente Fox. La estabilidad macroeconómica no es para desdeñarse, pero es punto de partida, no de llegada, no hace sentido si no responde a las necesidades de un país más justo, equitativo y en crecimiento. El tema de la inseguridad es igualmente preocupante; la debilidad institucional y la fragilidad de los sistemas de seguridad locales y municipales, frente al poder del crimen organizado, plantean un escenario muy complicado y en el que difícilmente se verá un cambio inmediato. El nuevo modelo policial es una de las tareas urgentes que quedaron pendientes.

De cualquier manera, el país muestra, en lo general, fortaleza de las instituciones, diálogo plural y un gobierno en ciernes que no regatea la magnitud de los problemas. La transición entre administraciones marcha con armonía y colaboración. La dignidad de la institución presidencial queda salvaguardada, en buena parte, por la prudencia y cuidado con la que se desempeñó el presidente Calderón en la contienda presidencial. En materia política, Felipe Calderón hereda un país considerablemente mejor al que recibió. Todavía hay mucho por hacer.

El gobierno de Peña Nieto no tendrá tiempo para aprender. Desde ahora se ve con urgencia la necesidad de muchas respuestas. El calendario político complica significativamente la preparación del presupuesto para el próximo año; lo elaboran los que se van y su ejercicio compete a quienes aún no llegan. Es indispensable lograr una estrecha colaboración y consolidar un giro importante para entender la magnitud de los problemas financieros que padecen estados y municipios. Atrás debe quedar la arrogancia y soberbia centralista con la que se ha tratado a las autoridades locales. No perdamos de vista que la mayoría de los problemas que inciden en la población tienen como germen la crisis financiera de los gobiernos locales. Por origen y mandato, el nuevo gobierno debe atender con inteligencia, sensibilidad y transparencia la situación económica de los gobiernos estatales y municipales.

El PAN está en proceso de reacomodo. Evidente es la tensión entre su condición de partido opositor y la que ha ejercido en el poder nacional durante más de una década, además de gobiernos en diversas entidades y municipios del país. En perspectiva, queda claro que una de las dificultades mayores de la campaña presidencial fue la de presentar al electorado los resultados del ejercicio del gobierno. Ahora enfrenta el dilema entre ser una oposición responsable al sistema democrático o reproducir el revanchismo opositor que tanto daño ha hecho al país.

No obstante las buenas cuentas del PRD en los comicios pasados, la baja de AMLO es altamente costosa. En inédito madruguete, Marcelo Ebrard anuncia su candidatura hacia 2018, al tiempo que López Obrador inicia la construcción del tejido político partidario para una lucha claramente diferenciada de su sucesor en el gobierno del DF. El aún jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, dice que en 2015 habrá de dirimirse si la opción es él con el PRD o AMLO con Morena; nada evitará que López Obrador sea candidato, ni siquiera una elección interna dispareja y evidentemente desigual: el PRD contará con los recursos financieros y mediáticos que le generó López Obrador con la elevada votación de 2012, mientras que Morena, como partido nuevo, tendrá pocas prerrogativas; en todo caso la definición para 2015 en la izquierda sería voto entre peso recibido, no voto por partido.

Los partidos pequeños han aprendido el juego político y electoral. El Panal y el Verde tienen buenas perspectivas para avanzar en su programa y en el posicionamiento necesario para subsistir e influir en las decisiones políticas. La situación del PT y Movimiento Ciudadano es delicada. En el pasado han usufructuado a López Obrador, pero ahora éste ha resuelto formar su propia organización. No es difícil que para 2018 la izquierda esté polarizada en dos opciones claramente diferenciadas y quizás antagónicas: la lopezobradorista con Morena y la ebrardista con lo que quede del PRD. Miguel Ángel Mancera puede ser el tercero en discordia, pero para ello debe ganar identidad propia y desmarcarse de quien lo llevó a la candidatura y al cargo.

Con el desenlace de la elección lo mejor que pudiera ocurrirle al #YoSoy132 es asimilarse ahora abiertamente a Morena. Su aportación ha sido valiosa y útil, pero no se advierten condiciones ni visión interna para su subsistencia sin AMLO; de continuar la actual estrategia de sus dirigentes y el entorno político existente, la marginalidad sería su destino, un grupo testimonial con poca influencia y prestigio político.

Los tiempos de Peña Nieto indican que la política es demasiado importante para dejarla solo en manos de los políticos. Los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil, así como los sectores social y empresarial están llamados a ganar, desde sus propias trincheras, mayor presencia y participación. La misión debe emprenderse justo ahora, cuando un ciclo concluye y otro apenas inicia.

COMENTARIOS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>