Domingo, 19 de Mayo de 2013 |

Mixtla

DE IDA Y VUELTA Después del mareo vino la tortícolis y después de la tortícolis ahora viene el suspenso… tengo miedo. Fui, como les adelanté, al municipio de Mixtla de Altamirano a ver en qué podía ayudar. No fui solito… …

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DE IDA Y VUELTA

Después del mareo vino la tortícolis y después de la tortícolis ahora viene el suspenso… tengo miedo. Fui, como les adelanté, al municipio de Mixtla de Altamirano a ver en qué podía ayudar. No fui solito… me invitaron y fui sin saber a ciencia cierta hasta dónde estaba Mixtla ni cómo estaba la carretera. Mi amiga Yoli -apasionada en serio en esto de ayudar- sólo me dijo Tráete ropa cómoda, zapatos para caminar un chorro y si puedes tu almuerzo que de los Dramamine yo me encargo. Tuve mis sospechas desde el momento en que se puso exquisita con las indicaciones pero el espíritu indómito de mis antepasados exploradores me envalentonó y armé mi morralito, me metí a la fuerza en unos jeans de la época de prepa, cargué un pepsilindro y embalsamé unas galletas y una manzana y ¡oh por Dios! iluso de mí, hasta metí un libro “para leer en el camino”.

Salíamos a las cuatro de la madrugada -una hora muy indecente en la que sentía el cuerpo como picado por abejas- y aprovechando que estábamos amodorrados, como pudo la Yoli nos metió a los trece pelados que logró engatusar en una Suv y nos puso videos ochenteros para entrar en calor. Hasta Orizaba todo iba bien, incluso hasta pensé que habíamos andado en círculo y que habíamos regresado a mi amada ciudad de Xalapa, pero resultó que a donde llegamos fue a Jalapilla (mi confusión merece dispensa pues la localidad está llena de hoyillos). Cuando vi a mi diestra las montañas pensé que el GPS de mi teléfono comenzaría a ponerse de chocoso pero resulta que hasta la Sierra de Zongolica es territorio Telcel. Comenzamos a subir, pasamos una infinidad de curvas y barrancos, y entre más subía la Suv, más verde poníame yo. Después de un ascenso que se me hizo interminable llegamos a Barrio 1º, la comunidad de Mixtla de Altamirano a donde nos llevaron y si en algún momento pensé que ya no se podía subir más, joy joy joy, no sabía ni lo que me esperaba pues de allí para adelante la subida fue a pie por una vereda bien delimitada, después por un zurco a guisa de vereda y al final entre piedras, lodo y matorrales… eso, es indefensión.

Si estuviera chaparrito y me hubieran robado mis botas (las cuales yo le robé a mi padre antes de salirme de la casa), no hubiera habido diferencia entre éste su Llanero Solitario y un Hobbit. Casi habíamos llegado a la Tierra Media y un poquito antes de abandonar la Comarca varios chiquillos detrás de los arbustos nos llamaban en náhuatl y nos decían algo así como “ven a jugar conmigo” y se reían y jugaban y las voces eran como las que de niño escuchaba en el rancho de mi tía la Toña en donde decían que había chaneques, y mejor no me acerqué… eso, es cautela.

Cuando llegamos a la cima del cerro comenzamos la bajada visitando casa por casa para checar sus necesidades y ver la forma de regresar un día de estos cargados con la ayuda, pero a veces la espesura de las milpas y lo abigarrado de las veredas me hacían dudar y de no haber ido acompañado por una lugareña que era una combinación extraña entre campesina y sherpa, todavía andaría perdido en la sierra. De nada sirvieron las migagitas de galleta que fui dejando tras de mi y que provocaron mi tortícolis por ir voltee y voltee para espantar a la parvada de pollos que se mataban por las migagas ¿Y el rastro apá? No me le amarré a mi sherpa porque la pobrecita se veía media desnutrida… eso, es conciencia.

Hay pobrezas que no se puede uno imaginar a menos que se visualicen e incluso así tampoco es posible comprenderlas. Allá en Mixtla falta todo y encima ya aceptó el Secretario de Salud, Pablo Anaya, que hay un brote de Hepatitis A, por lo que los trece intrépidos que fuimos al viaje entramos ahora a la etapa del suspenso. La vida es muy difícil allá en Mixtla; la mayoría no habla español; duermen 2, 3, 4, 5 o más personas, es igual, en cuartos de madera de 3×4 en donde se mete todo incluyendo la “cocina” y los animales; entre las maderas de la pared hay huecos por los que caben manos y por donde se cuela el frío; casi no hay hombres y los que hay en su mayoría son campesinos que ganan de 40 a 50 pesos diarios; hay gente que incluso jamás ha bajado del cerro; y ni aún viéndolo se puede entender esa pobreza. Nosotros fuimos y estuvimos solo un rato, para entenderlo habría que vivirlo… eso, sería empatía.

A esos lugares hay que ayudarlos siempre, es cuestión de humanidad. La ayuda se necesita siempre, no sólo cuando pasen huracanes o en las temporadas invernales, la necesidad es inmensa.

Ese día ganó el Águila y no pude ver el partido, dicen que fue increíble, pero no importa, esa experiencia de vida valió la pena.
Cualquier comentario de esta columna con sherpa, favor de enviarlo a atticusslicona@gmail.com, o puede seguirme en twitter en @atticuss1910

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