DE IDA Y VUELTA Primera semana de octubre, primer lunes de octubre, y yo lo recibo magullado como aguacatito pasado. Me dejé llevar el sábado, cual cordero al matadero, al cine a ver una película de dudosa procedencia, que fue …
DE IDA Y VUELTA
Primera semana de octubre, primer lunes de octubre, y yo lo recibo magullado como aguacatito pasado. Me dejé llevar el sábado, cual cordero al matadero, al cine a ver una película de dudosa procedencia, que fue a la que me metieron unos amigos de aún mucho mayor dudosa seriedad. Debí -era mi obligación sospecharlo- suponer que la película no era nada seria pues su título así lo sugería (“Abraham Lincoln, cazador de vampiros”), lo que se confirmó mientras el joven Abrahamcito mataba con una enorme hacha cubierta de plata a los vampiros que amenazaban con diezmar a la población norteamericana.
También debí comprender que mi fin de semana no podría mejorar ni un ápice, ni un apicito, si seguía bajo la tutela de ese par de embaucadores que me abdujeron y me llevaron a un karaoke donde oímos aullar durante más rato del que marca la cordura a varios individuos aspirantes a mariachi. Me desvelé inútilmente porque entre las visiones de la negra sangre gorgoteante que corrió a ríos y mares de las decenas de vampiros decapitados, mutilados y cortados de cuajo, y todo el humo del tabaco que aspiré pasivamente, me desperté el domingo ya entrada la tarde con un dolor de cabeza espantoso.
Como me levanté tan tarde de mi camota con sus sábanas vampiras, hasta ya altas horas del día me enteré del penoso episodio del huevazo que le propinaron a Adela Micha, la que -se destaca- lo recibió con estoicismo y sin tanta alharaca, aspaviento, exageración o gesticulación como la que armó el Gobierno del Estado a través de Comunicación Social, pues si me apuran estoy seguro que la flaquita hubiera recibido otro sin chistar si el huevo le hubiera dado en una mejilla. No creo ni defiendo de ninguna forma el modo de proceder de esos muchachos a los que no les queda otra justificante más que la torpeza que se les puede perdonar por su inherente juventud y que no les permitió ubicar mejores formas de expresión. ¿Que no se merece la señora Adela el Honoris Causa de la UPAV? No lo sé, probablemente sí, pero con justedad a estas alturas ningún comunicado de prensa me ha aclarado la razón del merecimiento de ese alto honor, pero tampoco me parece tan prudente comenzar a abaratar esos honoris causa pues se corre el riesgo de que dentro de unos años los reconocimientos de la UPAV sean tan cotizados como los tazos de las Sabritas.
No estoy de acuerdo, insisto, con esos jóvenes, como tampoco estoy de acuerdo con la aún más indignante muerte de compañeros periodistas que dan su vida en pos de la verdad. No hay equidad en la comparación, lo sé, porque jamás será tan dañino un huevazo (por muy caros que estén) como la pérdida de una vida, pero en ambos casos se busca algo, acallar una conciencia, lanzar un mensaje de intolerancia. Jóvenes: no son modos. Es rechocoso ver publicaciones en el Facebook, en twitter o en cualquier otra, en las que ofenden a algún comunicador, les dicen vendidos y corruptos porque no expresan la “realidad” que quisieran ver, cuando que finalmente al que no le guste cómo da las noticias Adela, cómo las da Loret de Mola, López Dóriga, Javier Alatorre, o cualquier otro periodista, de renombre o no, nacional o local, de izquierda o de derecha, éste tiene una forma muy fácil de censurarlos… apagando el televisor, cambiándole de canal, buscando otra estación, leyendo las noticias en internet o muchas otras formas antes de recurrir a la denostación.
No sé, insisto, si la mushasha Misha se merecía ese reconocimiento, quedará más bien en los criterios de elección de las autoridades de la UPAV que dirige el Mtro. Guillermo Zúñiga, quien para eso de hacer eventos del aire es buenísimo, y a quien habría que reconocerle que con un presupuesto pírrico ha llevado bien o mal a casi todos los rincones de Veracruz a esa Universidad que tardará muchísimo en ganar el reconocimiento que la sociedad necesita, el de la seriedad. Mientras tanto, sí creo que debe haber en Veracruz muchos periodistas que cumplan con las características que esbozó el Secretario de Gobernación, Gerardo Buganza Salmerón, como las que se encuentran en Adela y que, supongo, por eso fue elegida: credibilidad, seriedad y legítima vocación por informar a la sociedad.
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