Martes, 21 de Mayo de 2013 |

Pisciforme

DE IDA Y VUELTA La noche de anoche debió haber sido muy tranquila para casi todos, pero para mi no. El Paquito ha convertido nuevamente la cama paterna en territorio de placer infantil y de inquina matrimonial. Desde que lo …

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DE IDA Y VUELTA

La noche de anoche debió haber sido muy tranquila para casi todos, pero para mi no. El Paquito ha convertido nuevamente la cama paterna en territorio de placer infantil y de inquina matrimonial. Desde que lo vi dormido a las siete de la noche y que no se despertó para cenar, un escalofrío me recorrió la espalda, nada bueno puede salir de un escuincle desfasado. Mis dotes de pitonisa se manifestaron alrededor de las cuatro de la madrugada cuando el niño pedía desaforadamente “una neeeeshe” (porque él es niño y habla como niño, no dice papel, dice “papal”; no dice gracias, dice “ashas”, y así por el estilo ha ido desarrollando su dialecto) y yo me hice el desentendido, pero habría que comprender que a esa edad su ánimo es exultante y contagia, no hay nada que se pueda hacer y mejor le puse la televisión y nos pusimos a ver caricaturas ¡A esa hora! Hasta el momento no he dormido lo suficiente y ando de un humor canino que deja el malhumor de cualquier mujer en su undécimo día de menstruación equiparable al que tiene una nana de guardería.

Adhiera Usted a mi humor el indecente bochorno septembrino y tendrá una ligera idea del pequeño infierno que pasé este día y que me incitó a desear ser una de las novias del Caníbal de la Guerrero. Lástima que no tenga yo ni quien me pegue una mordidita porque sería un buen ejercicio dejarme mordisquear y terminar agradecido (¡namasté!). Ya para la hora que escribo lo que escribo el termómetro está comenzando a marcar temperaturas más septentrionales, pero aún no he calibrado del todo porque no he tenido tiempo siquiera de tomarme un cafecito. Al rato espero poder disfrutar de uno en Toks y que me devuelva un poco la serenidad que ese niño -irritable en sus momentos- me robó.

Mejor le cuento de mis antojos pues tiene demasiado tiempo que tengo ganas de descubrir a qué sabe un robalito frito de esos en serio con todo salsa habanera y toda la cosa. Hace poco tiempo estuve a punto de comerme el primero en mi larga vida en Veracruz, para más referencia en el Restaurante El Bayo, en donde el comedido mesero tuvo a bien advertirme el precio antes de embarcarme en una odisea de come y corre. Muy orondo había pedido mi robalo frito pero cuando me aclaró el precio y que variaba según tamaño carraspeé lo suficiente para quitarme la intención y mejor me pedí unos bocolitos -de queso de hebra porque tampoco me alcanzaba para los de huevo-. Después de media hora y cuando mis acompañantes estaban casi por terminar sus alimentos el mesero llegó con mis bocoles y se disculpó, Usted perdone pero es que los bocoles “se toman su tiempo”.

Anduve con cara de robalo durante algunos meses y me le restregaba ronroneante y pisciforme a la Karla enamorándola a ver si en el gasto incluía unos robalos para freír, pero no en posta porque así quedan medio tullidos, sino el robalo entero, pero ella ni por aludida se daba. El otro día me hizo unas mojarras fritas. ¡Pero qué cosita tan tierna! ¡mi viiiiido! ¡me la como!… ¿pero en qué cabeza cabe que unas mojarras puedan sustituir a un robalo? Le dije solemnemente “Algo tenemos que hacer, mejor oremos el más intenso y repetido salmo penitencial, el canto del pecado y del perdón, la más profunda meditación sobre la culpa y sobre la gracia, el Miserere (Juan Pablo II dixit) antes que resignarme a seguir con el antojo de robalo”. Salmodiamos un rato juntos y rompimos el cochinito.

Que no hay ni para huevos me dicen, no importa, entonces compraremos robalo. Así que con el fruto del vientre del cochinito me lancé ayer en ristre a la Pescadería 7 Mares y pedí el manjar marino, pero el animal es tan grande que me tuve que conformar con unos robalitos, chiquitos y con poquita carne, pero que sí podrán ser freídos en casa. Si todo sale bien este domingo me los pepeno. Hay que hacer cualquier cosa en estos tiempos en que el huevo es un artículo de lujo, ingeniárselas para sustituirlo o irse a formar a los camiones del DIF para conseguirlo más barato. A este paso no se espante si se llega a cotizar en México como los granos de cacao o si se convierte en una práctica común el guardarlos en las cajas fuertes.

Cualquier comentario de esta columna que se fríe en casa, favor de enviarlo a atticusslicona@gmail.com o puede seguirme en twitter en @atticuss1910

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