En ITINERARIO POLÍTICO Ricardo Alemán lo comenta a propósito del caso del asesinato de Eduardo Moreira >>Luego del asombro colectivo por el crimen de Eduardo Moreira —hijo del ex presidente del PRI y ex gobernador de Coahuila—, la llamada opinión …
En ITINERARIO POLÍTICO Ricardo Alemán lo comenta a propósito del caso del asesinato de Eduardo Moreira >>Luego del asombro colectivo por el crimen de Eduardo Moreira —hijo del ex presidente del PRI y ex gobernador de Coahuila—, la llamada opinión pública recibió un nuevo “descontón” al enterarse de que uno de los presuntos criminales salió de prisión —días antes— luego que un juez federal reclasificó el delito que lo había llevado a un penal de alta seguridad. Al conocer que Rubén Sifuentes Cadena, (a) El Shaggy, era presunto autor material del crimen de Moreira —y que había salido de prisión gracias a los “buenos oficios” de un juez federal— menudearon las opiniones de que el Ministerio Público federal y/o el juez en turno hicieron mal su trabajo. ¿Por qué? Elemental, porque apenas pisó la calle —después de que salió del penal de alta seguridad Puente Grande, en donde había sido ingresado por delitos vinculados al crimen organizado—, El Shaggy retomó su carrera delictiva, ahora en la modalidad de sicario, al convertirse en el principal matarife del joven Eduardo Moreira. Pero no, al revisar cuidadosamente el caso, el trabajo periodístico de distintos medios reveló que el problema no había sido el Ministerio Público Federal, sino un juez federal presuntamente corrupto que —quién sabe por qué artes— decidió reclasificar los delitos por los que El Shaggy estaba en prisión, con lo que garantizó su libertad: ¿y por qué presumimos que se trata de un juez presuntamente corrupto?<<
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