DE IDA Y VUELTA …y con qué facilidad se logra, el imaginarse a Héctor Yunes en una de las regaderas del nuevo edificiezote de Reforma que se mandaron a hacer los senadores, todo enjabonado y secándose con la bandera nacional …
DE IDA Y VUELTA
…y con qué facilidad se logra, el imaginarse a Héctor Yunes en una de las regaderas del nuevo edificiezote de Reforma que se mandaron a hacer los senadores, todo enjabonado y secándose con la bandera nacional cantando “Si te vienen a contar, cositas malas de mi”…
El ánimo exultante y vivaracho probablemente no sería el mismo de Pedro Chávez, pero ritmo no le debe faltar a don Héctor. En cosas de política prefiero no apostar ni mis canicas y mucho menos meter las manos al fuego por nadie (si así lo hiciera ya no podría escribir por los muñungos), pero sí sospecho profundamente de que a Héctor le están echando el muertito (el de los rumores, no el del Lazca). Conociéndolo como lo conozco (nomás por encimita), con eso me basta para percibir que es demasiado avispado en las artes de la política como para querer hacerse solito el harakiri. Nos queda claro, eso sí, que es muy pronto para desplegar las velas, y eso lo sabe cualquier político que sueñe y aspire con ser Gobernador de Veracruz.
Dicho esto, también sería bueno analizar la actitud cambiante y accesoria que están tomando las huestes de senadores panistas y verla con el filtro de los años. Hace seis años todos los pandilleros diputados y senadores azules le mataban un pollo a su nene consentido Calderón porque el rutilante recién electo Presidente prometía una nueva era de estabilidad política, miles y miles de empleos como todas las arenas del Mar Caribe, y que iba a llevar al partido Acción Nacional a parajes de importancia idílica. Ya se sentían los muy babosos codeándose por siempre con la dinastía Bush y desdeñando a Cuba.
Eso fue hace casi seis años. En ese entonces no sólo le hubieran aprobado la propuesta de Reforma Laboral, sino que incluso habrían aprobado como una medida ampliamente republicana, nacionalista y democrática (y todas las corrientes juntas), el que se les hubiera bajado el sueldo a la mitad a los legisladores, y si les enviaba la propuesta de crear la República de los Perros también la hubieran defendido y hasta habrían vociferado y ladrado como dobermans babeantes; Ernesto Cordero se hubiera quitado la camisa mostrando pecho y abdomen y hubiera azotado contra las rejas del Senado a Noroña y con la ayuda del siempre echado para adelante Senador Javier Lozano, se hubieran prendido a manazo limpio contra los del 132. Eso fue hace seis años, ahora los bonos presidenciales valen casi lo mismo que un chicle Yucatán (¡de canela!).
En estos días, al muñeco de muñecos lo tienen arrumbado como la muñeca fea y ni su iniciativa preferente quieren aprobar. Si quinientos diputados se pudieron poner de acuerdo para sacar una reforma laboral de medio peluche, no vemos con claridad el porqué los senadores que son menos no se pueden poner de acuerdo y van tan lento, pasito a pasito, y todavía amenazando en devolver una minuta de reforma toda remendada, parchada y mocha. Aquél sueño que tuvo alguna vez Calderón el malasuerte, parece que no se le está cumpliendo pues en lugar de una reforma laboral de primer mundo nos van a dejar una reforma laboral de tercera división tirándole a llanera… aquí le paré un rato porque ya me estaba empezando a enredar con estos cambios de personajes, antes los perredistas, tan bellos ellos, eran los trogloditas ¿y ahora apá?
Entonces, como les decía, que feo se siente que haya terminado la novela “Por ella soy Eva” y lo peor del caso es que como no pude ver el final este domingo creo que jamás sabré quién era esa enigmática mujer con cuerpo de Ana Guevara y cara de Jaime Camil maquillada. Me queda claro, y en eso estamos de acuerdo, en que la seriedad de las novelas de Televisa (considerándolas como el espejo y ventana de la cultura popular mexicana) no pudo haber llegado al extremo de vestir a Camil de mujer y esperar que ningún mexicano -y mucho menos la rompehogares de Lucero- se diera cuenta.
Creo entonces, y para rematar, que por mucha circunstancia legal que la asista, por mucho derecho divino al que se ampare, la señora Carolina Viveros debería darse cuenta de todo el mal, todo el daño y toda la confusión y mala imagen que le genera al IEV con su presencia y con sus obscenas propuestas presupuestarias… ¿o de quién hablábamos? ¿De Pablo Anaya?
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