Lo absurdo depende tanto de como del hombre (Alberto Camus) La distancia que existe desde el primer domingo de julio día en que, por ley, se levan a cabo elecciones para renovar el Congreso y elegir presidente de la República, …
Lo absurdo depende tanto de como del hombre (Alberto Camus)
La distancia que existe desde el primer domingo de julio día en que, por ley, se levan a cabo elecciones para renovar el Congreso y elegir presidente de la República, y el 1 de diciembre en que rinde protesta el nuevo titular del Ejecutivo federal, abra vacío de 152 días que, en las actuales condiciones, resulta suicida para la estabilidad.
A partir de un análisis comparativo se concluye que México es uno de los pocos países donde la ley cava una enorme grieta entre el día de los comicios y la asunción del poder.
Los especialistas en materia electoral justifican que la distancia entre el día de la elección y la toma de protesta es necesaria para que el Tribunal Federal Electoral pueda desahogar el número de impugnaciones, pero argumentan también que la complejidad misma de la ley, sus vacíos y contradicciones obligan a contar con tiempo suficiente para estudiar y resolver las denuncias.
Cuando el Congreso aprobó la última reforma al Código Federal de Procedimientos e Instituciones Electorales olvidó que los 152 días que se otorgan para legitimar la elección sirven exactamente para lo contrario.
Es decir, para que candidatos como Andrés Manuel López Obrador monten escenarios para deslegitimar al ganador y crear escenarios de inestabilidad e incertidumbre.
Los 60 días que han transcurrido del 1 de julio a la fecha no han sido útiles para el país.
La ley, tal como está, tiene un efecto inverso al propósito de perfeccionar y fortalecer el sistema político. Se trata de un esquema que da pie al protagonismo mediático y callejero. A un peligroso impasse que permite todo, incluso la preparación de golpes, intromisión extranjera o sabotajes.
Sirve a la delincuencia y a los mercenarios, menos a una sociedad que votó con la esperanza de obtener lo más pronto posible mejores condiciones de vida.
La reducción de los plazos tiene que ser vista como un asunto fundamental para la futura gobernabilidad. Evidentemente el acotamiento de los tiempos tiene que correr paralelo a la simplificación de una ley que hoy resulta larga, contradictoria, engorrosa y llena de lagunas.
El reto de la democracia mexicana actual ya no sólo es garantizar la transparencia y confiabilidad de los procesos sino la legitimidad de los gobiernos entrantes.
Quién no aprende del pasado, no merece discutir el porvenir.
La agenda con la que arrancará la LXII Legislatura ha generado muchas expectativas, los tiempos para las reformas de gran calado son harina de otro costal y a nadie debe extrañar que las iniciativas fiscal, laboral y energética serán sometidas, otra vez, a un proceso tortuoso de debates en los que más de uno se enredará en la Bandera Nacional y sólo verán la luz, aunque sea en versión light, hasta que los actores se decidan asumir los costos políticos de éstas.
Y bueno, la agenda de Peña Nieto, que ya cuenta con operadores cuyos nombres reveló en Chihuahua Luis Videgaray, tendrá que vencer resistencias, como anticipa Pedro Joaquín Coldwell, pero éstas no sólo serán las de los partidos opositores sino la de los gobierno estatales y municipales.
El PRI regresa a los Pinos con tres iniciativas como estandarte: la Comisión anticorrupción, el fortalecimiento del Ifai y la creación de una ciudadana para verificar la publicidad gubernamental en los medios.
La LXI Legislatura que está por concluir le debe al Ifai la reforma que permitirá su autonomía.
Así como lee.
Las iniciativas aprobadas en el Senado en abril 2010 (impulsadas por Pedro Joaquín Coldwell y Jesús Murillo Karam) se quedaron en la congeladora de San Lázaro y aunque hubo un buen impulso de Javier Corral, del lado de Humberto Benítez Treviño le quedaron a deber al Ifai.
La esperanza de las comisionadas del Ifai reside en que la Cámara de Diputados llega Manlio Fabio Beltrones, principal promotor de esas reformas y ahora las sacará del congelador para acompasarlas con la iniciativa de la agenda Peña Nieto.
De todos modos Juan te llamas con o sin pensión universal, el rechazo a un IVA generalizado de 16 por ciento permea el ánimo de legisladores; y en torno a la solicitud de EPN para aprobar antes de diciembre tres iniciativas, antes mencionadas, los tres grupos parlamentarios recuerdan que no hay mayorías y que aún no se inician las pláticas para una agenda legislativa.
El clima se registra aún tenso, EPN será declarado presidente electo. El asunto tendrá un impacto en el Congreso y en otros frentes, lo que puede repercutir en que sí se radicalizan, las izquierdas pueden marginarse y no participar en las negociaciones en esta nueva etapa, lo cual sería costoso para todos.
El PRI, como grupo mayoritario es el responsables de impulsar acuerdos. Ya inicia también la discusión sobre quienes presidirán las comisiones legislativas en ambas cámaras, de acuerdo con el peso electoral.
Como se aprecia la pluralidad llegó para quedarse, la ciudadanía optó por equilibrios y no por mayorías legislativas. Se requieren acuerdos. Es una época de mayor pluralidad y con una mayor representación de las mujeres, esperemos no se paralice l trabajo legislativo y se responda al mandato que se expresó en las urnas.
Una grata noticia, Javier Duarte de Ochoa, un mandatario comprometido con los veracruzanos, relanza el programa “Un día, una obra Adelante” que significa trabajar hombro con hombro para tomar el futuro en nuestras manos. Y en Veracruz todas estas obras se han conseguido al cobijo de este programa tan importante, que desde el Gobierno del Estado instrumentó el Ejecutivo estatal para impulsar el desarrollo de las comunidades. Los logros más importantes de todos estos trabajos es que la comunidad participa en cada una de ellas. A esa corresponsabilidad se refiere el mandatario estatal cuando dice que la suma de energías ha hecho la diferencia entre construir simplemente, y hacerlo con un amplio sentido social.
Hoy estamos viendo nuevamente con claridad y con fino acierto la capacidad política de Javier Duarte de Ochoa.
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