Domingo, 19 de Mayo de 2013 |

Se soltó el Kraken

DE IDA Y VUELTA Señor, señora, si usted tiene un nenecito entre dos y tres años de edad, y a altas horas de la noche (por ahí de las diez treinta) le pide que le convide un poquito de las …

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DE IDA Y VUELTA

Señor, señora, si usted tiene un nenecito entre dos y tres años de edad, y a altas horas de la noche (por ahí de las diez treinta) le pide que le convide un poquito de las galletas Marías que usted sanamente sopea en el café… créame… ¡No lo haga! Yo lo hice, no pensando en el café sino en las galletas que él quería y en López Dóriga que ya empezaba y yo quería ver. Se me hizo fácil, lo hice sin pensar en las consecuencias y la desarticulación inenarrable que podría causar en sus hábitos de sueño (¿acaso tiene?).

Esas pequeñas gotas de café que se filtraron en su sopeada galleta María fueron el detonante, el trinitrotolueno, la orden mítica para la destrucción de la isla de Argos: “¡Release the Kraken!”. Y efectivamente, se soltó el pequeño Krakencito a deambular por la casa, brincando, escarbando, rompiendo, botando, riéndose como si anduviera bien high después de haber fumado mariguana en la casa del Beto. La energía se le terminó por ahí de las tres o cuatro de la madrugada, horas demasiado caninas para andar jorobando. Cuando se durmió (o mejor dicho, lo dormí con una contrafórmula de infusión de valeriana y otras hierbas que producen visiones) lo pasé arrastrando a su cama con la firme idea de que está bien orate (no le digo qué otras hierbas utilicé porque hay mucho irresponsable leyendo este tipo de columnas y no se trata de andar por el mundo provocando visiones… que se dé de santos el niño, le fue bien, porque otra hora más de desvelo y en lugar de té de valeriana le hubiera hecho tomarse una mamila completa de té de Anís Estrella sin dosificación).

Él se durmió hasta esas horas y yo me dormí todavía más tarde pues me quedé viendo la película de “El bulto”. El sueño me venció poquito antes de las cinco quince, hora que sonó el despertador de Gloria. Y hoy, yo he andado con un terrible sueño mordelón que me achura y el niño como si nada, claaaaaro, como él se duerme en el Colegio ¿pero yo? Antes tenía una cama, no tan grande pero cuando menos sí para MI solito, y era MI cama, con MI almohada, donde colocaba MI cabecita para conciliar MI sueño, pero ahora es inútil, el iluso fui yo que me tuve que casar y tener dos hijos que me piden más amor y atención del que le di alguna vez a mis cien novias, de las que no llevé un conteo exacto nomás porque nunca fui demasiado bueno para las matemáticas yuxtapuestas y ahora en lugar de sueño concilio cuentos y leo historias de un Tam, Tam, Tam que sólo el Paco sabe de qué se trata, relatos de un lugar inmenso donde todo marcha a su propio ritmo y donde las panteras con confeti son definitivamente más divertidas. Pero soy necio, yo debería tener hasta mayordomo que me atienda y en cambio tengo un niño que me desvela, y si de por sí el niño es travieso, parafraseando a la Tucita, ‘si ya sabemos cómo es, para qué le damos más café’.

Ya de por sí el tener que andar cuidando al niño de una posible electrocutada (¡Jesús de Veracruz! En MI casa he descubierto cientos de formas de morir y con eso tengo para no dormir) debería ser suficiente para espantar el sueño y encima descubro que en el noticiero de López Dóriga en el video donde se mostró la sesión solemne de cuerpo presente de Alonso Lujambio en la Cámara de Senadores, la madre del hoy occiso señalaba a alguien de los presentes con señas demasiado obvias que decían “tú deberías estar allí, no él… tú deberías estar allí, no él”. No tengo el don de leer los labios, pero ese tipo de señas son inconfundibles y universales como las mentadas y la Britneyseñal. A alguien le deseaba la suerte del hijo, alguien que estaba entre los senadores asistentes, aunque el video y la posición de la toma dan la misma claridad que el video del asesinato de John F. Kennedy por Lee Harvey Oswald. Tal vez nunca lo sabremos, o no yo cuando menos. En mi desvelo me puse a buscar con voraz interés una repetición del video pero hasta el momento dados mis limitados conocimientos informáticos (dice mi hermana que yo me quedé en los lectores de microfichas Kodak) no he podido encontrar nuevamente esa toma. La mirada de la madre de Lujambio se dirigía a las zonas rudas del PRI, por allí donde la burbuja presidida por Emilio Gamboa se coloca. No creo saber jamás a quién realmente se dirigía en ese Bronx priísta. Lo único seguro es que a quien estaba dirigida la inquina debe seguir de lo más pimpante y a ese no le va el sueño.

Cualquier comentario de esta columna que se sopea, favor de enviarlo a atticusslicona@gmail.com y puede seguirme en twitter en @atticuss1910

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