En 2024, el 76.5% de las personas de 18 a 70 años en México tenía al menos un producto financiero formal, según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera del INEGI y la CNBV. La cifra suena bien hasta que se lee el otro dato del mismo informe: entre quienes tienen cuenta de ahorro, el uso de la aplicación del celular para consultarla o mover dinero pasó de 54.3% a 69.1% en tres años. El sistema formal creció despacio. El teléfono, no.
Ese desfase explica buena parte de lo que ocurre hoy con las criptomonedas en América Latina. La gente no esperó a que su banco tomara una postura. En México, la Ley Fintech de 2018 obliga a advertir que un activo virtual no es moneda de curso legal ni está respaldado por el Gobierno Federal ni por el Banco de México, y la Circular 4/2019 de Banxico impide que bancos y fintechs ofrezcan directamente custodia o intercambio de esos activos. El resultado práctico es que millones de usuarios operan por fuera de una puerta que su banco mantiene cerrada.
Colombia puso las reglas antes que el resto de la región
Colombia hizo algo que ningún otro país del continente había hecho: escribir las reglas antes de que el mercado se le adelantara. El artículo 93 de la Ley 1753 de 2015 modificó la Ley 643 de 2001 y habilitó a Coljuegos, la entidad que administra el monopolio de los juegos de suerte y azar, para licenciar plataformas que operan por internet. Fue el primer marco completo de juego en línea de América Latina y entró en funcionamiento en 2016.
La consecuencia práctica fue de confianza. Cuando un usuario sabe que existe un registro público donde comprobar qué empresa tiene contrato vigente y con qué número, la barrera para pagar en línea baja, y ese hábito de verificar antes de depositar se traslada después a otros medios de pago. Por eso, para buena parte de la gente de la región, el primer uso real de una moneda digital ocurre en una plataforma de entretenimiento.
Las plataformas que aceptan criptoactivos, sin embargo, no están dentro de ese registro. Un repaso reciente de DiarioBitcoin sobre casinos online que aceptan criptomonedas en Colombia detalla las doce criptomonedas que admiten sitios como 20Bet, Roobet o BetPanda, y dice con todas sus letras que sus licencias son de Malta, Curazao o Anjouan, y no de Coljuegos. Es una distinción que casi nunca aparece en este tipo de comparativas y que a un lector colombiano le cambia la decisión.
El fondo del asunto es económico más que tecnológico: cuando el poder adquisitivo se erosiona, cualquier herramienta que prometa mover valor rápido y barato encuentra público. Ese mecanismo ya se vio en México con los subsidios a la gasolina y lo que terminan costando al erario: el precio visible en la bomba es una cosa y el costo real, otra. Con las monedas digitales pasa algo parecido, solo que aquí el costo invisible lo termina asumiendo el usuario que nunca revisó dónde está registrada la plataforma.
Los números de las criptomonedas en América Latina
El índice global de adopción de Chainalysis de 2025 ubica a América Latina como la segunda región que más creció en el mundo, con un alza interanual de 63%, solo por detrás de Asia-Pacífico y su 69%. Brasil quedó quinto a nivel global, Venezuela decimoctavo y Argentina vigésimo. México se quedó fuera de los veinte primeros.
Lo interesante está en qué se compra. Las stablecoins, monedas digitales atadas al valor de otra divisa, casi siempre el dólar, ya concentran más del 90% de los flujos de criptoactivos en Brasil, según la misma firma. En Argentina superaron la mitad de todas las compras hechas en exchanges entre julio de 2024 y junio de 2025. Nadie compra un dólar digital por curiosidad técnica. Lo compra porque el dinero que tiene en la mano pierde valor mientras duerme.
La adopción latinoamericana tiene menos que ver con la especulación o con el entusiasmo por la blockchain que con la inflación, los controles cambiarios y unas comisiones que en algunos corredores de remesas se llevan una parte considerable del envío.
Cómo se comprueba que una plataforma está donde dice estar
La contracara de operar sin intermediario es que tampoco hay quien responda. Si una transferencia sale mal, no existe un banco al que reclamar ni un plazo de reversión.
Para el caso colombiano la verificación es directa. Coljuegos publica el listado oficial de operadores de juegos por internet autorizados, con el nombre de la empresa, el sitio web y el número de contrato de cada una. Si una marca no aparece ahí, no tiene permiso para operar en el país, sin importar qué licencia extranjera exhiba en su pie de página. Todas las autorizadas operan además bajo dominio .co, un detalle sencillo de comprobar antes de registrarse. La misma lógica sirve para cualquier servicio financiero digital: buscar el registro del regulador antes de poner dinero, no después. Conviene recordar también que estas plataformas son entretenimiento para mayores de edad y que el juego responsable pasa por fijar límites de tiempo y de gasto antes de empezar.
La región no está adoptando monedas digitales porque confíe en ellas. Las está adoptando porque confía todavía menos en lo que ya tenía. Eso dice más sobre los bancos de la región que sobre la tecnología.
